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jueves, 5 de junio de 2008

La pregunta

Nunca fui una redactora modelo. Por el contrario, siempre fui más bien tirando a mala. Pero si de algo puedo jactarme es de que supe ser una excelente entrevistadora. Mi fuerte eran tanto las preguntas como las repreguntas.Pocas veces me han hecho en la vida preguntas dignas de ser recordadas. Pero hubo una que me hicieron hace un tiempo que me pareció por lejos la mejor. Fue en una cena con amigos. Uno de ellos había traído a otro amigo extranjero. Este último me preguntó si estaba casada. Le respondí que lo había estado. Y lejos de darse por conforme, el caballero, decidió indagar un poco más,
Extranjero: ¿Cuánto tiempo has estado casada?
Incondicional: Unos siete años y medio
Extranjero: Y de todos esos años de matrimonio ¿cuántos fueron demás?
Una piedra hubiera tenido mayor reacción de la que tuve yo en ese momento. Si bien la pregunta es de por sí muy poco discreta, los modales y la estructura seleccionada por el entrevistador lograron pintarla de pe a pa con el tono más claro de discreción. Por eso, considero que ésta es la mejor pregunta que en mi vida me han hecho. Ahora les toca a ustedes …

martes, 18 de diciembre de 2007

Mis hábitos alimentarios

Hondo estupor ha causado, en la comunidad toda (sic), el detalle de mis hábitos alimentarios. Mejor dicho, de aquellas cosas que no como. Y alguno que otro, hasta ha encontrado interesante la conversación conmigo basada en estos rasgos constitutivos de mi personalidad.No como chorizo, morcilla ni chinchulines. Solo tomo gaseosa si es lo único que hay para tomar en 10 kilómetros a la redonda. Rara vez tomo vino porque me inhibe de responder por mí misma y nubla la reducida capacidad de juicio que, por naturaleza, tengo.Tampoco como hamburguesas, ni panchos ni fast food. La leche me da asco y de solo sentirle el olor comienzo a hacer arcadas. Detesto el pan lactal y escapo ante la vista del yogurt bebible.Pero aquí no termina la cosa. Porque también resulta que soy imposible a la hora de ir a comer afuera. Si el lugar huele a comida, me levanto y me voy. Si el plato está sucio lo mismo. Si el mozo no tiene sus manos en las condiciones de higiene por mí estipuladas, huyo despavorida. Y limpio siempre la bombilla luego de tomar un mate, a menos que esté tomando yo sola.En fin, éstos son mis hábitos alimentarios. De terror ¿no?. Ahora les toca a ustedes …